Doppler
Esmalte sobre tela
Políptico de siete paneles
210 x 1050 cm (210 x 150 cm c/u)
2012

Doppler
Esmalte sobre tela
Primer panel 210 x 150 cm
2012

Doppler
Esmalte sobre tela
Segundo panel 210 x 150 cm
2012

Doppler
Esmalte sobre tela
Tercer panel 210 x 150 cm
2012

Doppler
Esmalte sobre tela
Cuarto panel 210 x 150 cm
2012

Doppler
Esmalte sobre tela
Quinto panel 210 x 150 cm
2012

Doppler
Esmalte sobre tela
Sexto panel 210 x 150 cm
2012

Doppler
Esmalte sobre tela
Séptimo panel 210 x 150 cm
2012

Infarto
Acrílico y carbón sobre tela
95 x 190 cm
2012

Infarto II
Técnica mixta sobre tela
150 x 210 cm
2012

Arterias
Técnica mixta sobre tela
140 x 140 cm
2012

Casa VII
Técnica mixta sobre tela
Díptico 210 x 300 cm (210 x 150 cm c/u)
2012

Casa VII
Técnica mixta sobre tela
Panel izquierdo 210 x 150 cm
2012

Casa VII
Técnica mixta sobre tela
Panel derecho 2010 x 150 cm.
2012

Electro
Técnica mixta sobre madera
Díptico 50 x 240 cm (50 x 120 cm c/u)
2012

Electro
Técnica mixta sobre madera
Panel izquierdo 50 x 120 cm
2012

Electro
Técnica mixta sobre madera
Panel derecho 50 x 120 cm
2012

Caverna
Técnica mixta sobre tela
110 x 130 cm
2012

Membrana
Técnica mixta sobre tela
150 x 135 cm
2012

Miocardio
Carbón y tinta sobre madera
100 x 180 cm
2012

Señales eléctricas
Técnica mixta sobre madera
Tríptico 80 x 360 cm (80 x 120 cm c/u)
2012

Señales eléctricas
Técnica mixta sobre madera
Panel izquierdo 80 x 120 cm
2012

Señales eléctricas
Técnica mixta sobre madera
Panel central 80 x 120 cm
2012

Señales eléctricas
Técnica mixta sobre madera
Panel derecho 80 x 120 cm
2012

Campos sanguíneos
Colaboración con Marco Casado
Video
2012

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Infarto

| 2012

“Aunque esta herida duela como dos
aunque te busque y no te encuentre
y aunque
la noche pase y yo te tenga
y no.”

(Extracto del Poema Corazón Coraza de Mario Benedetti)

Para entender que hay mundo dentro del mundo hace falta el coraje de atravesar la coraza que los separa, transitar de un extremo al otro para adentrarse en una anatomía secreta en la que se descubre la eterna danza de Eros y Tánatos, un ciclo perpetuo de encuentro y desencuentro.

La efervescencia surge al ver que estamos en el reflejo de nuestra propia imagen, también somos el cosmos que se construye de venas, pulsos, ritmos, vida, muerte y renacimiento.

Cuando dos se encuentran, dos cosmos colisionan, hacen un pacto.

En un torbellino de fuerza animal se desnudan, se funden en un latido. La sangre fluye como lava entre las venas, roja, contenida, profunda, ardiendo llena de vida. Bailan, rozan, susurran, tocan; sucede un primer temblor.

Pulsan en un solo ritmo, coinciden inexorablemente en un mismo latido.

Sin ningún aviso la brocha negra de Tánatos pinta una línea negra y deja escurrir el silencio entre ellos, anula el acuerdo. Se alejan trágicamente en un arrebato, se dispersan a través de sus sueños, se separan.

El pulso baja. Uno busca el latido del otro en el universo y en cada pulsación anuncia su deseo de encontrarlo, pero falla. Y a pesar de que el silencio se impone, encuentra su propio latido. Su corazón coraza. Pedazos esparcidos por el universo; latiendo, anunciando su vida, sus ganas de vivir, de vivir realmente.

Retorna como un fénix, aunque en su corazón permanece una cicatriz, como la memoria de un tiempo.
 

Por Karen Huber y Francisco González
 

Ciudad de México, 2012

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